¿Que pensarías si tuvieras tres hijos. Uno de 8, otro de 10 y otro de 12; pero alguien les preguntara acerca de ti.
¿Cómo te sentirías si uno de ellos dijera: El es Juan García (es decir, tu nombre) Otro contestara: El es el jefe de la familia.
Y otro dijera: Es un tipo a quien tenemos que decirle papá.
Todas estas respuestas denotarían que no te aceptan como papá, pero también que no quieren ser tus hijos. Ahora, si uno de ellos dijera: El es mi papá! Tal respuesta revelaría una relación íntima y absoluta producida por una paternidad y un reconocimiento de la misma.
El hijo que se expresa de esta manera demuestra dependencia, pero también contención.
En una ocasión, como si estuvieran sentados en una ronda alrededor del fuego, el eterno Maestro les formuló una pregunta que pretendía revelar el conocimiento o la ignorancia de los discípulos.
¿Qué opina la gente de mí?
Hay gente que cree que sos Juan, el que bautizaba.
Otros dicen que sos Elías y otros opinan que sos un profeta.
¿Y ustedes que piensan? ¿Quien les parece que soy yo?
En medio del silencio de los once restantes, uno solo manifestó un conocimiento acertado. Pedro expresó algo que ya había concebido en su espíritu, algo que había meditado, disfrutado y arraigado en su corazón.
Vos sos el Rey Salvador que Dios nos ha enviado!
La opinión popular ha ido de catalogar a Jesús como un revolucionario mas, un fanático idealista que murió miserablemente a señalarlo como el Hijo de Dios, o el Salvador del mundo, pero lo que realmente produce un cambio es cuando pasa de ser el Salvador a ser mi Salvador, mi Dueño, mi Redentor!
Aquí en la tierra, mientras el hombre está con vida, tiene libertad de conducirse como se le antoja. Puede decidir buscar a Dios y dejar que El ordene su vida o puede decidir no darle importancia a Dios y mucho menos dejar que El gobierne su existencia. No hace falta ser muy inteligente para entender donde irán a parar quienes no le dan a Dios el lugar que El se merece en sus vidas. Nadie debería pensar que puede vivir como le da la regalada gana y creer que al morir irá a pasar la eternidad con quien es absoluta e indescriptiblemente santo.
Jesucristo permitió que lo crucificaran precisamente porque quería rescatarnos del pecado y de la pena que está sobre cada individuo en la tierra.
Si el hombre pudiera eximirse por sus buenas obras, entonces Jesucristo no hubiera aparecido para cancelar nuestros pecados.
Supongamos que el esposo está de viaje y la esposa está trabajando en su oficina, a 30 Km. de la casa. A las 19hs, cuando está por volver de su trabajo, suena el celular y la nodriza con un hilo de voz le comunica lo siguiente: _Sra. Cristina, me estoy muriendo, he sido picada por un escorpión, alcancé a matarlo, pero lo peor es que hay otro dando vueltas y tengo miedo por el bebé, Fin de su vida.
Cristina sube al auto y arranca a toda velocidad. Piensa, no tengo a ningún vecino cerca. Tengo que llegar rápido, rápido. Pero al conducir a tan alta velocidad, justo a 5km antes de llegar, al hacer una maniobra para pasar el último auto y para no chocar contra otro que venía de frente, acelera demasiado, se desestabiliza el auto y no puede doblar la curva, así que va a para en un zanjón donde se le sumerge el auto. Forcejeando la puerta y embarrada, comienza a correr para llegar como pueda a su casa. En su mente solo tiene un objetivo: Salvar a su bebé como sea. Piensa si no será demasiado tarde, pero aún así, debe intentarlo. Mientras corre, comienza a sentirse muy débil, existe una razón, está perdiendo mucha sangre del lugar donde está el hígado. Ahora que lo nota, entiende porqué sentía un fuerte ardor en esa zona. La sangre ha impregnado todo su pantalón y la mitad de su camisa, pero ni aún así se detiene. Ya puede ver su casa, es la única a 5km a la redonda. Ideal para alejarse del mundanal ruido. El dolor se hace muy agudo de a ratos. Ahora recuerda que al salir del auto, se resbaló y cayó sobre una estaca afilada que salía del suelo. Agitada y con sus últimas fuerzas logra abrir la puerta de su casa. Se dirige a la cuna de su bebé esperando lo peor, pero justo ve sobre la manta de su pequeñito al mismísimo escorpión. Tomando una de sus sandalias que tenía al lado de la cama, lanza su mejor golpe y hace volar al insecto hacia el rincón de la habitación y en lo que resta, se echa a eliminar de varios golpes a la alimaña. Apenas puede respirar, pero antes de sucumbir puede hacer dos cosas: Reconocer que su bebé está intacto, sano y salvo. Alcanza a darle un beso y a hacerle una sonrisa y cae desplomada de debilidad. Al cabo de unos minutos recobra un poco de fuerzas y comienza a arrastrarse para llegar al teléfono donde yace el cuerpo de su empleada domestica. Lo último que hace es pedirle a su esposo que venga lo más pronto posible para cuidar del bebé y se desploma para no levantarse más.
La pregunta es: _ ¿Por qué hizo esta mamá semejante sacrificio? ¿Por qué su bebé estaba fuera de todo peligro o porque estaba bajo una amenaza letal?
Finalmente, si no hubiera existido para nosotros una condenación tan espantosa, habría venido Jesucristo a padecer y a pagar por nuestros pecados?
La única intención de esta mamá era salvar a su criatura, sin importarle su sufrimiento.
La meta de tal sufrimiento experimentado por nuestro Maestro Divino fue la de rescatar multitudes perdidas para su Reino. Almas que sufrirían por siempre en la condenación eterna, pero por su redención, ahora tendrían felicidad y seguridad sin par.
No recibir un regalo que ha costado mucho para quien nos lo hizo, no solo puede ser necio de nuestra parte, sino que puede llegar a ser la mayor ofensa para esa persona.
No recibir el Gran Regalo de Dios es menospreciar y ofender el eterno Amor de Dios que se dio en sacrificio hasta la muerte para obsequiarnos perdurable salvación en Jesucristo.
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